jueves, 23 de junio de 2011

Nomegusta algunos símbolos nacionales (Parte II)

Siguiendo con la línea del blog anterior, paso a otros símbolos que no sirven para nada.

Empiezo por la Jura de la Bandera. Todos los jóvenes liceales, los 19 de junio, juran defender la democracia y la patria, y de ser necesario dar la vida por la bandera. Luego les dan un certificado, que les permitirá presentarse a cualquier llamado para trabajar en el Estado. Mientras tanto, los padres y allegados aplauden a rabiar ese primer paso en pos de la orientalidad.
Los decretos que obligan a esto provienen del año 1940. Increíble que hoy, 70 años después, aun no nos cuestionemos este acto.

Primero: aquellas personas que no tienen educación secundaria, no tienen que emitir un juramento que los obligue a dar la vida por la patria. O sea que por tener enseñanza media, las personas tenemos que poner en riesgo nuestra vida. ¿O acaso juramos en vano? Me parece adecuado que le exijan juramento a los soldados, y quizás a policías, pero no a los civiles.
Los decretos exigen que todos los ciudadanos juren al menos una vez en la vida. ¿Cuándo lo hacen los que no van al liceo?

Segundo: ¿cómo se le puede exigir a un joven de 12 años que jure dar la vida por la patria? Creo que si le preguntan al mismo joven, 10 o 20 años más tarde, decidirá que no va a dar la vida por la patria ni por nada más, exceptuando a su familia, hijos o algún amigo. Por lo tanto, el propio Estado lo obligó a Jurar en vano.
¿Tiene validez un juramento emitido por un menor de edad, que no tiene edad para manejar, beber, fumar, votar, ver una porno, etc.? Tampoco parece muy razonable.

Tercero: ¿Por qué se pide el certificado de la Jura de la Bandera, para cualquier trámite posterior que haya que realizar ante el Estado? Es difícil guardar un papel, desde los 12 años, para presentar quizás a los 30 o 40 años. Sobre todo que cuando nos lo dan, no tenemos absolutamente nada claro de lo que vamos a hacer en la vida, y todo nos chupa un huevo, exceptuando algunas cosas tales como jugar al fútbol o mirar al chico de tercer año.

Conclusión: A la mayoría de los educandos de enseñanza media, el Estado nos obliga a jurar en vano, y desde muy jóvenes. Luego nos obliga a guardar un papelito que acredite ese juramento, por las dudas que entremos a trabajar al mismo Estado.
 
Otro símbolo que no sirve para nada es el escudo nacional. De chicos aprendemos que la fortaleza del Cerro representa la fuerza, el caballo la libertad, la vaca (o el buey) la prosperidad, etc. ¿Para qué sirve el escudo? Sólo para adornar el frente de todos los edificios públicos del país. ¿No alcanza acaso con la bandera?
Hice una somera encuesta la semana pasada, preguntándole a personas de entre 25 y 40 años sobre las figuras que están en el escudo. Nadie supo decirme completamente cuál era y qué significaba.
O sea, que no tiene sentido alguno tener un escudo. Quizás en la época medieval servía para identificar a los soldados en la batalla. Cuando el barro y la sangre habían cubierto por completo a los que luchaban ya nadie sabía de que bando era, a no ser por los distintivos (formas y colores) del escudo.

Hoy no peleamos con nadie, pero gastamos dinero en mantener un símbolo que casi nadie entiende.  
 
En la misma línea, los escudos departamentales han dejado de existir, dando paso a slogans más modernos y coloridos que destacan lo mejor de cada departamento. Hace algún tiempo un famoso político cuyo nombre empieza con Q y termina con ki, se quejaba que la juventud ya no conoce los escudos departamentales. ¿A quién le importa saber que el escudo de Colonia tiene unas abejitas, o que el de Rocha dice “Aquí nace el sol de la patria”?
 
En los 90 empezó la movida trasgresora en Montevideo, bajo el gobierno departamental de Vázquez. Apareció el logo “Montevideo mi casa”. Luego de varias críticas, las demás intendencias empezaron a hacer lo mismo. Hoy a Tacuarembó se lo conoce por el gorro de Gardel con el eslogan “el pago más grande”, o Canelones como “Comuna Canaria”.  Lavalleja cambió la imagen del Arequita por un sol y unos trazos verdes representando las sierras.
Unas son Comunas, otras Intendencias, otros son Municipios, otros Gobierno Departamental… no importa, cada intendencia le puso su impronta y modernizó y popularizó las identificaciones. Y no por populares son berretas. Y por populares, modernas y sencillas, hoy varios las podemos recordar.


lunes, 20 de junio de 2011

Nomegusta algunos símbolos nacionales (Parte I).


Yo se que esto me va a generar problemas. Aquí meterse con las tradiciones y símbolos nacionales siempre genera problemas.

Pero no tengo más remedio que expresar lo que siento.

 Me encanta la bandera de Uruguay, simple, sencilla, un cielo celeste surcado por algunas nubes blancas, con un sol que brilla por encima de todo. Hermosa, linda de ver en todas partes. Hasta el sol es simpático con su carita y sus rayos. Alguna vez, llevando la bandera en otros países me han preguntado si en realidad el sol es así o yo le había dibujado la cara. Creo que ese es el único símbolo nacional, el que nos une a todos y el que más nos gusta.

En cambio, el himno nacional es una tortura. Su música y su letra son antiguas, reflejo de una realidad que por suerte, ya pasó. Es muy difícil de cantar,  tiene tanta introducción, montones de cortes y repeticiones de melodías, que hacen difícil saber en que parte estamos, ni cuantos “sabremos cumplir” van cantados. Ni que hablar de la letra, algo que repetimos sin saber, pero que no creo que sintamos.
 
“Orientales la patria o la tumba, Libertad o con gloria morir…” no quiero hacer una encuesta hoy para saber cuantos quieren morir por su país. Recuerdo al Cuarteto cantando “el primer oriental desertor”: solo quiero vivir a mis anchas, no me importa que bandera ondee en la plaza Cagancha.

“De este don sacrosanto la gloria…. Merecimos tiranos temblad” – Sacrosanto? No son conceptos para una sociedad laica. Que es lo sagrado? Que es lo santo? Ni que hablar del fraseo cortado. Pregúntenle al uruguayo medio lo que significa esa frase. Sólo nos acordamos del “tiranos temblad”.

“Libertad en la lid clamareeeeeeeemos y muriendo tambieeeen libertad” – Llama la atención que esto haya sido escrito en una época en la que la educación era privilegio de pocos. ¿Cuántos en el siglo XIX comprendieron este mensaje? Si querían que el paisano luchara y dejara el alma por la patria, podrían haberlo dicho exactamente así: peleen y dejen la vida por la patria. Pero…. Que es la lid? Clamar? Por favor, esos términos ya suenan pasados de moda de por si.
 
Pasando a la interpretación, el tono lírico se aleja del público medio, a quién le resulta más fácil cantarlo al ritmo de cumbia, candombe o murga.  La única vez que lo intentaron, resultó interesante. Aquella vez en el Centenario, cuando Fattorusso y unos pocos transgresores lo cantaron en versión murga. Obviamente somos tan conservadores que al día siguiente esa versión sólo le había gustado a los que la interpretaron en el estadio. Pero ese es el camino, probar de modificar esa sempiterna interpretación lírica que nos torturó desde que éramos niños en la escuela. Ya lo hacen los gringos y otros países, por qué nosotros no? Por otra parte, ¿no hay coros y solistas que puedan hacer una grabación más actual? Porque la que se sigue escuchando parece haber sido interpretada en la época de Acuña de Figueroa.

Si nos pensamos que tenemos un himno único, basta con escuchar los vecinos y ver que somos todos víctimas de una época. Son todos iguales, tanto en letra (destacándose la patria por encima de la vida) como en música. El himno uruguayo está “inspirado” en una ópera de Donizetti así como el argentino en una sonata de Clementi. O sea, que ni la música inventamos. El himno de Chile está compuesto por encargo a un español que jamás visito dicho país. En resumen, fuimos países a principios del siglo XIX y se necesitaban himnos para identificarnos. De ahí nacieron varios de los himnos latinoamericanos. Y hoy, los niños sufren al cantarlos. Los adultos ya nos acostumbramos, ¿o aun no?

Nomegusta el popurrí (Parte 1)

Nomegusta el popurrí. (Parte I)
Como no me gusta el popurrí, aquí va un popurrí de nomegustas.

No me gustan los adolescentes que fuman y chupan para parecerse más grandes, con poses agresivas y desafiantes. Me hacen acordar lo que yo hacía en esa época.

No me gustan los reventados que viven al sur de Bulevar y Bulevar. Así cualquiera es reventado… con papi pagando droga primero y rehabilitaciones después.

No me gusta que sigan hablando de Maracaná. El único Maracaná que conocí era el cine de Malvín, cuando íbamos a ver 3 películas los sábados de tarde.

No me gusta Rivera. No me gusta Fructuoso Rivera asesino de indios, ni Bernabé Rivera bien matado por los indios, ni la ciudad de Rivera polvorienta, ni la calle Rivera una de las más difíciles de manejar en Montevideo.

No me gusta que hablen de la “garra charrúa”. Que garra tenían los charrúas? Indios al pedo que se dejaron matar primero por los españoles, luego por los brasileros y por último por sus “compatriotas”. Garra?

No me gusta que los políticos actuales sean conocidos por sus nombres, como los jugadores de fútbol brasileros. Antes uno los conocía por nombres y apellidos. Ahora los conocen como: Pepe, Pedro, QKi, Germán, Ana, Lula, etc. Algunos actúan como los famosos brasileros: hay Elanos, hay Gansos, hay Patos, hay Kakas, etc.

No me gusta que sigan jorobando con los ideales de políticos que vivieron en otros siglos, como el batllismo, el saravismo, el marxismo, el leninismo y varios ismos más. Quien sabe que pensarían estos ilustres pensadores y políticos si vivieran en nuestra era global. Usarían twitter?

No me gustan los pelados que se tapan la pelada pasándose pelo de un lado para el otro de la cabeza.

No me gustan los recuentos de muertos diarios que emiten los desinformativos de los canales y radios. Menos me gustan los periodistas “especializados”: Nano NoFolla, Nazareno Selazampa y George Comeavellanas.


sábado, 18 de junio de 2011

Nomegusta la extinción de la perdiz


Siempre me llamó la atención la perdiz, con ese cuello largo. Es como la jirafa de las aves, se da el gusto de verla a todos de arriba. Muchos de los ciudadanos no conocen el ruido que hace cuando levanta vuelo, en vertical. Parece un helicóptero en miniatura.

Cuando éramos niños, mi perro las empezaba a rondar en círculos concéntricos cada vez más chicos, hasta que la perdiz levantaba vuelo. Ese es el momento del cazador, con nuestra honda preparada, usábamos al pobre animal como blanco.

También de niños, mi abuela nos acompañaba en largas caminatas a campo traviesa. Hacía permanente referencia a su niñez y juventud de los campos de Canelones, y usaba esto para demostrar su conocimiento de las cosas camperas, conocedora del hinojo, la carqueja, el lino, y demás hierbas exóticas.

De todas maneras nunca se acostumbró a las emboscadas perdiceras, ya que cada vez que pasaba cerca de uno de estos animalitos y este levantaba vuelo, el susto que se pegaba, hacía que terminara de traste en el piso, para delicia de los que la acompañábamos.

Pero baste de historias infantiles, hoy la realidad es otra y muy cruda. La perdiz se está extinguiendo.

El motivo de este artículo es analizar las posibles causas que hacen que este animalito sea cada vez menos frecuente en nuestras praderas. Sin dudas que las causas pueden ser miles, pero hoy vamos a apuntar algunas de ellas.

 
Causa 1: aumento de felicidad en las parejas nacionales. Muchos son felices y comen perdices, por lo que la demanda de carne de perdiz hace que el aumento de la faena de perdices no sea compensado por la velocidad reproductiva de estas aves.

 
Causa 2: aumento de consumo de whisky. Sin dudas, el aumento de consumo per cápita de whisky, en particular de la marca “La Perdiz”, está provocando su extinción. Por algún mecanismo industrial aun no conocido por el público, los fabricantes de dicho whisky utilizan al animal vivo para destilar la bebida. Los camiones que distribuyen esta bebida en el interior, en su regreso van cargados de perdices que luego se exportan a Escocia para la fabricación de esta bebida. Al menos, estamos manejando una exportación no tradicional, como los caracoles, sapos y demás propuestas que a finales del siglo pasado.

 
Causa 3: Ni que hablar que el éxito del restaurante que lleva su nombre, en las cercanías del Shopping Pta Carretas, haga que la faena aumente. La carne servida en dicho restaurante, si bien está presentada como pollo, pescado, cerdo o vaca, en realidad es toda de perdiz, maquillada por diferentes procesos de cocción para que parezca de la variedad escogida por el cliente.

 
Causa 4: Selección natural. Esta es sin dudas una de las principales causas. Luego de recorrer miles de kilómetros en nuestras vueltas al país, hemos descubierto que el género “perdiceae” se divide en 2 especies: “perdicieae inteligentis” y “perdicieae estupidus”. La diferencia entre ambas es sutil y radica exclusivamente en el comportamiento. La especie “inteligentis” se agacha cada vez que un auto la pasa por arriba en la carretera a más de 100km/h, siguiendo luego muy oronda. Mientras que la especie “estúpidus” queda mirando extasiada el bólido, para convertirse al instante en una masa amorfa de plumas y carne.

 
Evidentemente, estamos ante la extinción de la especie “estupidus” la más abundante de ambas como como en el género de los hombres. “Homo sapiens estupidus” entre los que destaco a quienes se dedican a la caza y pesca de animales por deporte.

sábado, 11 de junio de 2011

Nomegusta que quieran regular las tragamonedas.


Cada tanto prendo la tele, y miro algún informativo. Luego del recuento diario de tragedias (accidentes, robos y asesinatos), los conductores dan paso a los temas políticos. Los políticos han perdido el rol protagónico de los informativos, para pasar a ser actores de reparto. Y algunos se merecen los premios “Fresa”, de  tan malos actores que son. Si siguen así, van a entrar en el último lugar de los informativos, luego de las noticias sociales, empresariales y del espectáculo. Casi, casi antes del cierre.

Uno de los casos interesantes que vi hace poco fue el de las máquinas tragamonedas “ilegales”, que hoy existen en muchos bares, almacenes, cantinas de clubes, etc. Son máquinas de pésima calidad, y no fabricadas en nuestro país.
 
Las máquinas, ¿generan adicción? Supongo que a algunos sí, como el alcohol o el tabaco. Por algo hay grupos de jugadores anónimos, al igual que de alcohólicos.

Las máquinas, ¿son consideradas dañinas para la sociedad porque generan adicción? Evidentemente no, ya que son legales, están en los casinos municipales, estatales y en salas especialmente habilitadas para esto (¿qué tiene que ver el turf con las tragamonedas?).  O sea, el Estado se preocupa de cuidarnos de algunos vicios, pero nos habilita otros, a los mayores de 18 años, que se supone que somos responsables y serios.

Hecho este breve análisis previo, someto a vuestra consideración la campaña realizada para “combatir” las tragamonedas. Aquí van los argumentos:
Supuestamente hay que regular esta actividad “ilegal” ya que están al alcance de toda la población (mayores y menores), y sólo debieran estar restringidas a los mayores de edad.
Otro argumento que se esgrime es que se “desconoce su procedencia y no se puede saber cuándo y cuánto pagan”.
El último y más hilarante es que “hay que darle un servicio de calidad al cliente, que tenga ciertas seguridades para el juego”.

Como decía Les Luthiers… “Señññññññññora… y si el hombre de la bolsa tampoco quiere tomar la sopa?”. ¿Nos toman por giles? Si! ¿Nos dejamos tomar por giles? Si, porque no nos importa. En realidad es un tema tan estúpido, que sólo puede estar en la agenda de algún político de segunda.
 
Vamos a lo básico: si se quiere combatir el delito de las “tragamonedas truchas”, empiecen por impedir su importación o su contrabando!! Rastreen hacia atrás, ya que esas tragamonedas entraron a Uruguay por algún lugar, alguien las recibió, alguien las vendió o alguien las alquila a los locales!.  Eliminen la causa raíz, y déjense de darle vueltas al asunto.

Que las máquinas paguen o no, no es un problema del Estado, simplemente es una cuestión de confianza entre el cliente (el apostador) y el fabricante de la máquina (vaya uno a saber quién es). En este punto, el Estado no debiera intervenir, y habría que dejar que el mercado marque sus límites. Aquellas máquinas que pagan poco dejarán de usarse en el tiempo, y aquellas que pagan mucho no serán rentables y también dejarán de usarse.


Por último, si con la regulación lo que se busca es recaudación, ese es otro cantar. Lo ideal sería decirlo claro: hay una actividad comercial que pasa a la vista de todos y en la que el Estado no obtiene su tajada.

Señores Políticos: si siguen así, se van a quedar sin aparecer en los informativos, y los periodistas que cubren vuestras notas y les dan vida, quedarán si trabajo y tendrán que poner máquinas tragamonedas en sus casas para subsistir.

Los dejo, porque me voy a jugar a la mosqueta en 18… aunque algunos no quieran, esa si que es legal, y no paga nunca!

Nomegusta que pierdan tiempo con el porro.



No fumo y no lo voy a hacer, pero me molesta que los políticos y gran parte de la sociedad pierdan tiempo en un debate estéril.
El porro ya es semi-legal. Está en todas partes, en todos los estratos sociales, y es ampliamente aceptado en todos ellos.
Primero: los que hablan, ¿alguna vez probaron? ¿Saben lo que hace? Hablando con gente grande y culta, me he encontrado con respuestas muy variadas: desde que es un alucinógeno hasta que sirve para aumentar la potencia sexual o retrasar la eyaculación precoz. Mmmmm…
 
Segundo: el porro ya es legal, solo que no paga impuestos. Si hoy alguien quiere conseguir, no demora más de una hora en conseguirlo, en cualquier lado. O sea, el único que pierde su tajada en todo el negocio, es el Estado, ya que no recauda impuestos. Para esto, dos salidas: se combate el porro o se legaliza y se generan nuevas divisas a la sociedad. Hoy el Estado debate entre esas dos vertientes. Algunos quieren poner quioscos, y otros quieren meter presos a los que venden.
Tercero: el autocultivo no debiera ser penado. Si el que quiere fumar, que fume, ni que hablar que el que quiera plantar, que plante. Obviamente, en caso de ser legal, llegará Bromatología para ver que todo sea plantado de acuerdo a las normas HACCP o las Buenas Prácticas de Cultivo, solo por si el cultivador decide vender. Luego llegará el BPS para reclamar por los aportes patronales, y el MTSS para firmar convenios colectivos. Quizás el gobierno intervenga para pedir una rebaja en los precios y poder frenar la inflación. Ojo, no me olvidé de la DGI… hay que ver si el producto pagará IVA básico, o le inventarán algún impuesto nuevo.
Con todas estas medidas, los “productores” y las cadenas de distribución decidirán que era más rentable el negocio cuando era ilegal.
 
Cuarto: eliminen la moralina acerca del “daño” que causa. Lamentablemente, de porro no se muere ni se mata a nadie. Algún bajón de presión y muy poca cosa más. Se muere mucho más gente, directa o indirectamente, a causa del alcohol, la mejor y más lucrativa droga legal. Accidentes de tránsito, enfermedades, violencia doméstica y salvaje y otras muertes más, son causadas por el alcohol.  La otra droga es el cigarro, aunque que ahora le han dado tanto palo, está en franca retirada.

Por lo tanto, lo mejor es eliminar la hipocresía, terminar con un debate que a nadie le interesa, porque el que fuma, fuma quiera el Estado o no, y el que no lo hace, no lo hará aunque sea legal.

Por favor, terminen con la pavada y dedíquense a temas interesantes.

NOMEGUSTA LA GUERRA DE LAS PATENTES


¿Cuál es la causa de la “guerra de las patentes”?
Los precios varían de departamento en departamento, haciendo que los ciudadanos que tienen chance de tener un vehículo, decidan empadronarlo en el más barato. Históricamente fue Flores, y hace un tiempo lo desbancó Colonia. Hay más autos “de Colonia” que habitantes tiene su departamento.


El principal beneficio es para la Intendencia correspondiente, que ve como sus arcas se llenan de dinero de otros pagos. Este dinero engrosa lo recaudado “legítimamente” por la Intendencia: contribuciones, tributos, patentes oriundas del departamento, etc. Por lo tanto, el ciudadano medio podría pensar que ante un aumento de los ingresos, la comuna podría reducir la presión tributaria a la que somete a sus contribuyentes.

Evidentemente nada de esto ocurre. El ciudadano sigue pagando los mismos precios que pagaba antes de tener patentes baratas. Esto lleva a la siguiente pregunta, ¿para qué se usa el dinero entonces? El menos mal pensado puede pensar libremente y preguntarse si no será para seguir pagando sueldos a gente que ingresa a la intendencia.  De esa forma el intendente de turno puede pagar su cuota política, y así devolverle algo a los pequeños caudillos, que lo ayudaron a tener el máximo cargo departamental.

Señora, señor, su dinero sirve para pagar sueldos a personas que ayudaron a otro ciudadano a tener su cargo de intendente.

¿Cómo se elimina la “guerra de las patentes”?
La patente debiera tener un precio único nacional. En todos lados se pagaría lo mismo.
La patente debiera estar incluida en el precio del combustible. Por lo tanto, quién más usa el vehículo, más paga, ya que mas usa y abusa de los servicios que le brindan las intendencias (caminería, semáforos, señalización, etc.).
Aprovechemos las ventajas que brinda el monopolio de Ancap, y tengamos información fehaciente del consumo anual de combustibles. En base a ese consumo, y a un padrón nacional de vehículos, se le vuelcan a cada Intendencia un monto de acuerdo a su porcentaje de matrículas.

Alguno podría pensar que esto seguiría siendo una guerra, ya que cada intendencia, para tener más matrículas, podría incurrir en “otros beneficios” para tentar a los clientes, tal cual el mercado.
Por lo tanto, para hacerlo un poco más justo, todo lo recaudado pasaría a distribuirse de acuerdo al número de habitantes de cada departamento. De esa forma, se asegura que el monto per cápita percibido por cada intendencia, sería el mismo.

Así, las patentes pasarían a ser algo anecdótico. Evidentemente, para llegar a esto, el gobierno central tiene que ponerse firme, o quizás, si está en la Constitución, alguien podría modificarla. En esta época de recolección de firmas por cualquier cosa, algún político por estar bien con su conciencia, podría empezar a juntarlas para un plebiscito. Evidentemente, quien lo haga, sabe que hasta ahí llegó su carrera política, ya que no lo va a apoyar nadie, ya que están todos muy atornillados. 

viernes, 3 de junio de 2011

Nomegusta la Corte Electoral ni la Credencial Cívica


Que increíble despilfarro es la corte electoral! No me gusta pensar en la plata que se nos va, alimentando a un montón de burócratas de la más pura cepa.

Partamos del inicio: inscribir a un ciudadano para que pueda votar. Es razonable que existan limitaciones para que las personas voten: edad mayor a 18 años, ser ciudadanos uruguayos, etc.
Estas limitaciones no justifican la emisión de un documento: la credencial cívica. Basta con utilizar la cédula de identidad como documento único. Y en base a esa cédula de identidad, determinar si la misma está habilitadas o no para votar. Basta con colocar esa información en una base de datos, que pueda ser consultable en cualquier momento, por cualquier persona. Con eso se ahorrarían quilos de papeles, fotos, impresiones, plastificados, y sobre todo: colas de gente sacando, renovando o trasladando sus credenciales. Bastaría con ese documento único: la cédula de identidad.

Pero no nos quedemos ahí y pensemos en grande. Ayudemos a la corte electoral (en minúsculas, porque minúsculas son sus mentes) a dar el siguiente paso: eliminar los planes circuitales y el padrón electoral.
  
Si yo voy a votar con mi cédula, que es única y mía, alcanzaría con que los integrantes de la comisión receptora de votos, tengan la lista de cédulas habilitadas y puedan determinar si puedo o no votar.
Pero imaginemos algo un poquito más sofisticado: en lugar de libros, librillos y actas (típicas del siglo XIX), una de esas herramientas endemoniadas nacidas en el siglo XX… una computadora! Nada raro, un Pentium 100 de 1995 alcanzaría y sobraría para la función.
El P100 estaría on line, conectado a una base de datos central y el secretario de la mesa receptora digitaría el número de mi cedula indicando que voy a votar. El sistema verificaría que esa cédula está habilitada, y que ya no ha votado en ningún otro lugar. Luego que el sistema vuelque el OK, me permiten tomar el sobre e ingresar al cuarto oscuro.

Luego de votar, un siguiente paso confirmaría mi voto y eso inhabilitaría que lo hiciera nuevamente en cualquier otro momento y en cualquier otro circuito del país o del mundo, si pensamos en el voto epistolar.
Asimismo, serviría como constancia de voto!!, y podría ser consultada a través de Internet, sin tener la necesidad de andar con mi credencial cada vez que tengo que demostrar el voto.

Otra gran ventaja es que con ese sistema, podría ir a votar en cualquier momento y a cualquier circuito… al que me quede más cerca de casa, sin tener que pensar en trasladarme. Quedarían atrás los éxodos de la gente del interior que sacó la credencial antes de venirse a trabajar / estudiar a la capital. El único factor por el que iría a un circuito determinado sería: voto en aquel que tenga menos cola!!

Y por último, otra ventaja colateral: se elimina el voto observado!!!!!

Algunos puristas me dirán que para elecciones departamentales, la gente tiene que votar en tal departamento (ejemplo: intendencias) o que los diputados son departamentales. Notable. Que vote la gente que realmente está en ese departamento el día de las elecciones. Si yo soy de Rivera, pero vivo aquí, el día de las elecciones voy a votar aquí, por lo que me interesa aquí que es donde vivo. Si no fuera de esta manera, me tendría que ir a votar a Rivera, por alguien a quién no conozco, ni se lo que va a hacer, ni me va a influir lo que haga, ya que yo sigo viviendo aquí. Por lo tanto, los aspectos geográficos son meramente anecdóticos.

Podemos seguir imaginando mejores y más rápidas elecciones… por ejemplo: eliminar las listas y votar on line en el cuarto secreto. Eso sería una especie de apoteosis para las escuetas mentes que regulan los actos electorales de nuestro país. Asimismo, dejaría varias personas sin trabajo: las imprentas que hacen listas, las papelerías que hacen sobres, los militantes propios o contratados que reparten listas día y noche desde 2 meses antes de las elecciones, etc.
Pero además eliminaría el trabajo de cientos de burócratas que tienen que contar, recontar y recontra contar los votos emitidos, verificar si las listas están en buenas condiciones, anular votos, etc. La palabra “escrutinio” estaría a punto de desaparecer de nuestros léxicos.
Evidentemente, esta sería la solución última y provocaría el suicidio en masa de los burócratas por excelencia.

Nomegusta tener que votar en las elecciones del BPS.


No tengo idea de lo que hay que votar, no tengo idea de para que sirven y lo más importante de todo: no me importa!
Por lo tanto, estoy obligado a hacer algo que supuestamente es de mi interés, pero que no me interesa en lo más mínimo.
Lo mejor de todo, es que no soy solo yo, sino que somos unos cuantos.

Que increíble toda la movida que se genera por unas elecciones que a casi nadie le importan, que no debieran existir, o que quizás, pudieran ser no obligatorias, sólo para aquellos que están capacitados e interesados en el tema.

Nomegusta el carnet de afiliado a cualquier cosa

Nomegusta el carnet de afiliado a cualquier cosa.

Existe una tendencia que cada tanto toma fuerzas, luego se repliega y luego vuelve a aparecer. Son las famosas pertenencias a clubes, círculos, entidades o cualquier otro grupo social asociativo.

Partamos del ejemplo del carnet de asociado a un club deportivo, donde concurrimos a realizar alguna actividad física. ¿Para qué sirve? Para demostrarle al club que soy socio de ahí, ya que tiene mi foto e indica que estoy al día con la cuota social. ¿Para que lo necesito? Para ingresar al club. ¿Lo necesito en algún otro momento de mi vida? No, solo para eso. Por lo tanto: ¿para qué debo cargarlo siempre en mi billetera? ¿No sería mejor acaso que quedara en el único lugar donde lo voy a usar, o sea, en el club?
¿No podría utilizar mi cédula de identidad, como documento que acredite que soy yo, y que estoy al día con la cuota social?

Hace algunos años, las mutualistas evolucionaron en este sentido, y pusieron como número de afiliado, el número de cédula de identidad. Y para todo trámite, se presenta la cédula. Yo todavía conservo mi carné de afiliado al Casmu, con mi foto de recién nacido. Supongo que si hoy fuera a usarlo, nadie podría asegurar que ese bebe soy yo.

Vamos al siguiente ejemplo: las tarjetas acumuladoras de puntos. Ejemplos: los clásicos puntos de T. Inglesa, los Abis de Abitab, los puntos de Ancap, etc. La cantidad de plástico, cartón y demás materiales que circula por Uruguay por esas causas es impresionante. ¿Para qué?
Ejemplo: Voy a comprar al supermercado, y al llegar a la caja, me preguntan si tengo la tarjeta de puntos. Rebusco entre mil tarjetas de pertenencia a diferentes entidades hasta que la encuentro. ¿Para qué? Para que al final, se le asignen a mi nombre algunos puntos, abis o millas que algún día me permitirán obtener premios.
¿No hubiera bastado con decirle al cajero mi número de cédula? ¿Y si por ejemplo, deseo otorgarle mis puntos a mi tía Carlota para que al fin pueda acceder a la plancha a vapor? Al fin y al cabo, si son mis puntos, puedo hacer con ellos lo que quiera, no?
Otra vez más, las tarjetas de fidelización se eliminarían, dando lugar al uso exclusivo del número de cédula de identidad!

Los mismos razonamientos pueden hacerse para casi todas las otras tarjetas de filiación a diferentes programas, clubes, entidades, etc. No sirven para nada y llenan las billeteras!

Quizás podamos pensar en dotar a nuestra cédula de identidad de mecanismos de lectura más rápida, tales como un código de barras y una banda magnética. De esa forma podría ser usada como tarjeta de filiación a cualquier organización.

También podríamos pensar en ponerle tags RFID para que dicha identificación fuera automática, aunque eso podría dar lugar a situaciones más propias de Orwell y su Gran Hermano, que de la sociedad actual.